Literally some place
Liam Gillick

De camino a la frontera hay dos personas más en el coche. Las deben haber recogido en algún punto de la ruta. Hay una discusión entre los dos recién llegados y el otro pasajero del coche. Uno de los nuevos pasajeros intenta escapar del vehículo en el momento en que pasan por el control de aduana. Fragmentariamente, se han encontrado con bomberos voluntarios en bares de provincia, quienes les han dicho dónde pueden encontrar megalitos. Incendios forestales limpian la broza. Al regresar del encuentro con los bomberos, el conductor calcula mal por un instante una curva del camino y le da un ligero golpe al bordillo sin checar la velocidad, sólo la dirección. Uno de los pasajeros se hace el dormido porque ha oído que la relajación profunda sirve para mitigar los efectos de un accidente. Y todo conduce a un bar, porque ahora estamos en ese bar. Muy temprano por la mañana, antes de que rompa el amanecer. La descripción precisa de una resaca paranoide. El líquido extraído entre una y otra sinapsis del cerebro permite una conexión más rápida de la actividad mental por un rato, antes de que la carga excesiva se manifieste. La sensación acentuada de estar en un bar temprano por la mañana, unos cinco minutos antes del alba. No hay nada que oír en este bar. Y la única pregunta es si Audrey Hepburn era inglesa o americana. Alguien dice que es japonesa. Vistas las circunstancias, no resulta poco razonable y parece hasta divertido. Alguien ha hecho un libro con fotografías de cada uno de los tragos que se pueden beber en el bar, lo que resulta buen material de lectura para el desayuno. Y no han hecho trampa en las imágenes, aunque podrían haber usado la misma foto para el gin con tónica y para el vodka con tónica. Hay versiones acortadas de canciones populares en la rocola, pero aún es muy temprano para escucharlas todas una vez más. Son súper cortas y da gusto oírlas fundirse rápidamente con el siguiente tema una vez pasada la excitación inicial que despierta el oír de nuevo las introducciones de las canciones que conocemos. Desaparecen. Un mecanismo lleno de melodías familiares amontonadas con canciones favoritas interpretadas por gente conocida. Todas las canciones duran entre uno y dos minutos y jamás podrías llegar a imaginarte que exista placer que dure más que esa secuencia inicial. Sólo un continuo y reiterado deseo de llegar a oír la canción por completo, pero se desvanece en un esfuerzo repetido. Dándole a la rocola y totalmente muerto. Algunos motociclistas vienen al bar a comer conejo y callos. Felices de acercarse a la frontera. Chicos vestidos de cuero comiendo mascotas. Una persona sale y mea contra la pared mientras mira hacia el mar. El mar está a doscientas millas de distancia. Llega alguien con un disco y lo pone en la rocola. Se supone que los usuarios del bar deben esperar a que venga un representante de la compañía que se encarga de las rocolas. Él abre la rocola a la fuerza. La etiqueta del título no será cambiada hasta que no venga el hombre de la oficina principal a cambiarla. Hasta entonces, la nueva canción tendrá que tener otro nombre. El local junto a la frontera parece estar siempre exacerbado y a punto de desvanecerse. Pero ahora esta gente del bar ha encontrado la música de fondo para otra nostalgia. Las letras de los temas y una lógica críptica. Ahí están en el bar por la mañana con algo nuevo para escuchar. En un bar cercano a la frontera. Uno de cada dos discos está en la lengua local. Pero el nuevo está en americano. Ha venido alguien y ha abierto la rocola. Pero no pueden cambiar la etiqueta. La etiqueta se queda igual. Sólo la gente de por aquí que viene al bar sabe dónde encontrar la canción. Pueden compartir entre ellos esta conspiración perfecta. Este disco terrible. Que por el momento está bajo otro nombre y que se quedará así por un tiempo más. Que los pone contentos. Describiendo un no-lugar embadurnado de narcisismo y cocaína.